A favor de los zorros


El zorro Vulpesvulpes L. es un carnívoro oportunista muy conocido por todos nosotros, lo que a veces no tenemos tan claro es lo que significa oportunista. Este término hace referencia a la capacidad de un animal, en este caso el zorro, de alimentarse de la comida más abundante que haya en ese momento disponible en el campo, ya sean animales vivos, carroña, insectos y un largo etcétera.

Estos bellísimos animales, en su dieta, consumen principalmente carroña y micromamíferos como ratas, ratones y conejos, aves, invertebrados y fruta, especialmente los higos. Se sabe, que en ambientes humanizados más de la mitad de la dieta del zorro la integran basura humana y los animales atropellados en las carreteras. Deberíamos pensar que es un animal beneficioso en tanto que nos libra de cadáveres y carroña de animales muertos que sí serían un foco de infecciones, si unimos a esto, su predación sobre roedores…. nuestra visión debería de cambiar.

Una persecución sistemática de esta especie en determinadas zonas, puede provocar el movimiento de poblaciones contiguas, que ocuparán el nicho de los zorros desaparecidos.
Actualmente puede provocar bajadas poblacionales de perdices y conejos por lo que es un animal incluido en el anexo III de la ley 8/2003 de caza y se considera una especie cinegética regulada por un periodo de caza hábil y unos métodos de caza evidentemente legales.

Junto con los zorros, a lo largo de mi vida, he tenido la ocasión de observar a muchos perros asustadizos y erráticos, andando sin rumbo, pequeños podencos corriendo tras el rastro de los coches que horas antes los habían llevado al campo, perros perdidos… abandonados, desahuciados en los mismísimos cotos de caza.

Y yo me pregunto… si en algo se parecen los zorros y los perros, ambos cánidos, es en la dieta. La responsabilidad a la hora de ser dueño de un perro va más allá de lo que muchas veces pensamos, en el campo, perdidos y desesperados, consumen lo que pueden, se vuelven oportunistas y por supuesto cazan lo que hay …perdices, liebres, conejos…pero la culpa ya sabemos sobre quien recae.

Mónica López. Bióloga.